domingo, 25 de octubre de 2015

Capítulo 2: Oscuridad

Oscuro. Todo estaba oscuro. La visibilidad era nula y Miquel, desorientado, palpaba a tientas en busca de un punto de referencia para poder desplazarse, en aquel... lugar. Buscó, sin frutos, una pared sobre la que apoyarse. En última instancia, tocó el suelo con las manos, para darse cuenta, asombrado, de que tampoco había un suelo tangible. Sin embargo, caminaba en línea recta. O eso creía, dado que era imposible ver nada.


- ¿Hay alguien ahí?

Nadie respondía. Miquel repitió varias frases intentando encontrar alguna respuesta, pero fue en vano. Aquello parecía totalmente vacío. Se sentó, cruzó las piernas y se llevó las manos a la cara. No sabía qué hacer. Se sentía extraño, fuera de lugar. Pero por otro lado, era un sitio tranquilo. A pesar de la ausencia total de luz, no percibía hostilidad entre lo negro de la estancia. Sin saber muy bien por qué, se tumbó y cerró los ojos.

- Es un lugar cómodo - pensó Miquel. Aburrido... pero cómodo.

Tras un tiempo indefinido, notó un resplandor a través de los ojos cerrados. Como un flash de luz. Sobresaltado, volvió a abrir los ojos. La estampa era extraña. Algo parecido a una ventana tallada, hecha de luz, se plantaba delante de él. No iluminaba la estancia, pero sí que parecía mostrar algo. Miquel, intrigado, se acercó a ella. A través de ese portal de luz brillante podía ver el mar. Las olas. La arena. El sonido de las gaviotas de la costa. Aquello le resultaba tremendamente familiar a Miquel.

- De qué me suena...

Miquel contemplaba la ventana con frustración, rebuscando dentro de sí mismo. Aquello le resultaba terriblemente cercano, pero a la vez no podía recordarlo.

- ¡Maldición! ¿Por qué no me acuerdo?

- ¿Ni siquiera puedes acordarte de tu vida?

De repente, Miquel sintió un escalofrío.

- ¿Quién anda ahí?

Le pareció discernir algo entre la oscuridad absoluta. Era más una silueta que otra cosa. No estaba seguro de si era corpóreo o no. ¿Había otra persona? No, era imposible. Habría respondido cuando llamó. Miquel intentó rastrear el origen de la pregunta, pero seguía sin orientarse en ese sitio.

- ¿Quién eres tú?

- La punzante luz del despertar solo puede traer angustia a alguien en tu estado. Aléjate de la luz, cierra los ojos.

-  Eso es... ¿Se supone que es una broma? ¡Porque no me hace gracia!

- Tú sabrás hacia dónde te diriges, Miquel. Pero si ni siquiera reconoces lo que se alza ante tus ojos, ¿cómo vas a saber dirigirte?

Se paró a pensar en silencio durante un instante. Sea lo que fuese, aquella voz tenía razón. Se sentía perdido, la luz que salía de aquella ventana era tan intensa que era molesta, y en el fondo no se sentía mal en aquel lugar. Era demasiado tranquilo.

- Quizás tengas razón...

Apenas terminó de pronunciar esas palabras, numerosas ventanas aparecieron ante sus ojos. De diferente tamaño y forma, todas compartían la misma naturaleza: parecían grabados de luz en el manto de oscuridad que envolvía a Miquel. A través de ellas podía observar personas que creía conocer, vehículos en movimiento, hombres con batas blancas, una ciudad gris y sucia. Imágenes familiares, pero no conseguía identificar ninguna de ellas. Como si fuese un acto reflejo, comenzó a andar hacia una.

- ¿Entonces decides caminar hacia la luz? ¿Aceptarías la luz cegadora y enfrentarte al mundo hostil, renunciando a la comodidad que te ofrece el sueño?

Miquel ni siquiera contestó. Decidido, cruzó el umbral. Uno cualquiera...

Se escuchaban pitidos. Entonces aplausos. La luz era totalmente cegadora. No podía ver nada. Miquel se sentía confuso. No entendía nada. ¿Hacia dónde le había llevado aquella puerta luminosa? Desarmado, y con sus sentidos prácticamente desactivados, realmente se sentía vulnerable. Todavía podía escuchar voces de fondo, turbias y confusas. Hasta que escuchó, esta vez de forma nítida, esta frase.

- ¡Está vivo!


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